parecería ser que este inicio de año partió de su meta de manera agotada, aburrida tal vez; y dentro de este, por supuesto, por obligación humana inapelable, yo inicié igualmente de la manera menos iniciante que existe: en la cama de un hospital.
no me detendré a hacer explicaciones de los hechos que me llevaron a terminar instalado en el hospital, rodeado de caras condescendientes, de reclamos "con cariño", de peticiones a dios por mi salud y todas las reprobaciones posibles respecto a mi descuidado estilo de vida... nada más se puede esperar de una visita a la institución de salud.
lo que sí quería mencionarles (como para reiniciar mis apariciones por este lugar de pocas pulgas) es que el resultado final de tanto tratamiento y tantas visiones apocalípticas sobre mi juventud perdida, me vi forzado (literalmente) a abandonar varios de mis más apreciados placeres. así, de la noche a la mañana dejé al alcohol de lado, abandoné el cigarro y puse fin a mis 10 tazas de café al día... en un abrir y cerrar de ojos me volví un virtuoso más, de esos de los que los padres se enorgullecen y son vistos como ejemplo para la juventud.
muchos en mi posición se han vuelto adoradores de alguno de los 5000 dioses inventados, crucificados, violados y etc... otros escriben libros enteros de superación del espíritu o como ser un gran gerente, otros simplemente se sientan en los lugares públicos a ver pasar a los "viciosos" y reclamarles su impureza y demostrarles como él es la viva imagen de la superación y su felicidad nueva al haber abandonado el camino del pecado que casi acaba con su vida.
yo no. todas esas me parecen patrañas, respuestas simplistas a un recién abierto vacío en sus existencias. es solo una sustitución de vicios... mentiras. dios y todos sus hermanos o alter egos son la imagen escogida para animar el vicio del fanatismo: "ahora que no puedo acercarme a la botella o la raya o el churro o el cigarrillo" me escondo en las faldas del cura y lloro por la sangre derramada en la cruz y rezo 750 avemarías y 1600 padres nuestros en honor y gloria al santísimo". tanto rezar es solo para que el tiempo corra y mermar en algo el deseo de salir corriendo a buscar aquello que abandoné. por otro lado, la autoayuda no necesita presentación: un pobre deprimido con ausencia de cariño y necesidad de llamar la atención le dice a un montón de "des-viciados" o posibles futuros viciosos sus fórmulas para la vida próspera y feliz que él no lleva. finalmente están los nuevos inquisidores, ex-viciosos envidiosos que deprimidos por culpa de la neo-virtud se lanzan contra quienes decidieron dar por más importante el placer antes que la vida larga y saludable. los abstemios los odian, porque su vida está ausente de placeres por decisión personal que otros prefirieron no tomar.
yo no soy más feliz desde que no fumo, no bebo y no tomo café, la decisión fue más práctica y menos sentimental. ha de ser verdad eso de que los vicios destruyen el cuerpo y la vida, no sé, no me consta, nunca sentí más placer que ese cigarrito luego del almuerzo y el cafecito acompañante de las largas y nefastas tardes laborales, como único resquicio de libertad ante la alienación de ser empleado y ese trago espirituoso y amargo que mareaba la cabeza y sacaba sonrisas los sábados por la noche cuando necesitas el empujoncito para safarte de tantas máscaras y represiones de la semana.
en la comparación entre el placer y la consecuencias los seres normales actuaran finalmente en contra del placer... es triste admitirlo, pero yo, que me reconozco un ser felicitario, peligrosa y deliciosamente cercano al hedonismo, por primera vez en mucho tiempo asumí, con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas, esa normalidad de tantos... hay algo de nauseabundo en todo esto.
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