lunes, 20 de diciembre de 2010

‎"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad."


nos condenamos a ser libres, como diría Sartre en una de sus alucinaciones sobre nuestra humanidad. no me mal interpreten, jamás podría hablar del francés este que se encargó de definir mi propia humanidad cuando el ya había dejado de existir y yo empezaba a hervir en hormonas. pero me rebotó esa idea en la cabeza y me ha estado dando vueltas y más vueltas. condenados a ser libres... siempre había asumido lo contrario, es decir, había creído que la justificación de la existencia era precisamente lo contrario a la libertad.

según sartre, la libertad es angustia por definición. asumo que tiene que ver con situar al sujeto ante la falta de necesidad de las decisiones, algo así como un no-lugar, individual, sin interdependencias. es angustia porque nuestra acción racional tiende a la autolimitación como medio de control de nuestro espacio vital, de alguna forma negamos nuestra propia humanidad en favor del concepto, del paradigma, del prejuicio. pero si asumimos de que es precisamente la libertad la esencia primaria de la existencia, entonces tendemos inevitablemente hacia ella, hacia el espacio sin muros ni excusas donde nos situamos ante nosotros, desconceptualizados pero, en tanto humanos, atemorizados ante la perspectiva de lo infinito, ante la imposibilidad de tomar un camino u otro, porque no existen, o existen al mismo tiempo y todos son posibles pero no obviables. es decir, angustiados.

ni siquiera me acuerdo el génesis de esta reflexión, supongo que es el desencanto, así en general y ambiguo, de todo y hacia todo. supongo que, también parafraseando (casi violando) a sartre, soy un soñador, y la libertad como mi existencia, y como esta cotidianidad, agustiantes todas, provocaron mi queja y mi rabia, y confundí esto que es desencanto con el realismo... como todos los soñadores

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