"protégeme de mis amigos, que de los enemigos me protejo yo", desde que nos inventamos una "nueva izquierda" de colores rosados o verdes este continente camina patas para arriba, pero no porque nos hayamos escapado de la derecha retrógrada, servil y criminal, sino porque nos escapamos de la lucha, la combatividad, la alegría y la cabeza dura necesaria para no acomodarnos nunca a este sistema de alienación.
según los nuevos profetas ya no somos pueblo, ahora somos ciudadanos, seres ordenadamente útiles a la democracia que ahora se supone si es verdadera porque no están los mismos de siempre, sino los otros, es más, en un intento de reformulación conceptual, muy acorde con la posmodernidad, nos damos el lujo de hablar de "revolución ciudadana" -si me detengo a explicar el concepto me mareo, así es que lo doy por loco y continúo- la ciudadanía es un término excluyente que coloca en planos de reconocimiento a aquellos "aportantes" cuantitativos a la reproducción del sistema, ¿cómo explicar entonces que esos sujetos ingresen en la posibilidad de la construcción de un nuevo sistema? solo un destacado socialista del siglo XXI, economista de Lovaina, presidente de la República y ciudadano respetable podría dar una respuesta a esta interrogante. El señor Rafael Correa afirmó hace algunos años en Cuba que básicamente "ya no existe la lucha de clases", es decir, eliminado el motor de la historia y el fundamento lógico sobre el cual se estructura el sistema de explotación, no nos queda más que una masa uniforme de seres colocados en alguna especie de orden aleatorio definido solo por la voluntad divina o quien sabe qué, he ahí el concepto de ciudadano, por eso se le regala 30 dólares a los pobres con mala suerte, para que se mueran menos de hambre.
pero, como es obvio, debe haber una base ideológica que sirva de motor de este "nuevo" modelo, una base de consenso que permita que se sostenga, es decir que haga que funcione la lógica del poder, los ciudadanos debe sostener una actitud frente a esa cadena de mando. bajo la lógica de uniformidad, de aparente diversidad mutuamente respetada, el estado puede acceder a Dios, a algún héroe revivido o la patria y el orgullo nacional, mientras los gobernados hacen la cruz y no piensan en nada. Así es, es que bajo el signo de la "nueva" izquierda la apoliticidad es la base de la hegemonía. La gente no se puede percatar de un cambio que no se ha dado en la realidad, pero tampoco debe sentirse invariablemente igual, es decir, no debe sentirse, sus preocupaciones deben girar en torno a un mejor trabajo, facebook, la autoayuda, la comida saludable, las fiestas interminables. No puede haber preocupaciones organizativas, estudios políticos, crítica razonable. Para ello, el poder se encarga de "educarnos ciudadanamente", nos roba la autonomía universitaria, declara enemigos a todos los que no bajan la cabeza, nos rellenan de dios y patrioterismo, nos repiten y repiten que esto es lo mejor que podemos tener y, sobre todo, "que estos ya no son tiempos de lucha, que ahora las armas democráticas aseguran el éxito de los cambios, que los radicalismos son infantiles, que el problema no es el sistema, son los corruptos". el resultado es un ser cansando de discursos y discursos, confundido entre tanto populismo, preocupado en sí mismo, es decir, un sujeto alienado con mayor eficiencia, porque usaron su esperanza para manejarlo. es el vicio del "menos malo" que nos han hecho creer es el único posible.
nuestra "nueva" izquierda aprendió muy bien de los viejos conservadores, el sistema continúa invariable, es más, se sostiene de manera más efectiva, porque todos creemos que cambió, el mismo grado de represión del estado de antes, con los mismos íconos de siempre. Dios se antepone al hombre, es más, la cadena va desde dios, la moral, la patria, los héroes, el presidente, sus ministros, su esposa, su perro y después de varias etcéteras llega el pueblo.
para colmo de males, de regreso a Ecuador, la ley zanahoria y la creencia del señor presidente de que puede controlarnos las salidas, lo que tomamos, como gran padre sobreprotector que no encuentra mejor forma de educar que la represión, muy acorde con los dictadores avalados por la sacrosanta iglesia católica.
yo creo que me quedo con la "vieja" izquierda que no es tal, la que logró hombres libres de verdad, la de Lenin, Marx, el Che, Fidel. La que gusta de los sueños imposibles, los únicos verdaderos. A los posmodernos de verde y a los ciudadanos.... no gracias
según los nuevos profetas ya no somos pueblo, ahora somos ciudadanos, seres ordenadamente útiles a la democracia que ahora se supone si es verdadera porque no están los mismos de siempre, sino los otros, es más, en un intento de reformulación conceptual, muy acorde con la posmodernidad, nos damos el lujo de hablar de "revolución ciudadana" -si me detengo a explicar el concepto me mareo, así es que lo doy por loco y continúo- la ciudadanía es un término excluyente que coloca en planos de reconocimiento a aquellos "aportantes" cuantitativos a la reproducción del sistema, ¿cómo explicar entonces que esos sujetos ingresen en la posibilidad de la construcción de un nuevo sistema? solo un destacado socialista del siglo XXI, economista de Lovaina, presidente de la República y ciudadano respetable podría dar una respuesta a esta interrogante. El señor Rafael Correa afirmó hace algunos años en Cuba que básicamente "ya no existe la lucha de clases", es decir, eliminado el motor de la historia y el fundamento lógico sobre el cual se estructura el sistema de explotación, no nos queda más que una masa uniforme de seres colocados en alguna especie de orden aleatorio definido solo por la voluntad divina o quien sabe qué, he ahí el concepto de ciudadano, por eso se le regala 30 dólares a los pobres con mala suerte, para que se mueran menos de hambre.
pero, como es obvio, debe haber una base ideológica que sirva de motor de este "nuevo" modelo, una base de consenso que permita que se sostenga, es decir que haga que funcione la lógica del poder, los ciudadanos debe sostener una actitud frente a esa cadena de mando. bajo la lógica de uniformidad, de aparente diversidad mutuamente respetada, el estado puede acceder a Dios, a algún héroe revivido o la patria y el orgullo nacional, mientras los gobernados hacen la cruz y no piensan en nada. Así es, es que bajo el signo de la "nueva" izquierda la apoliticidad es la base de la hegemonía. La gente no se puede percatar de un cambio que no se ha dado en la realidad, pero tampoco debe sentirse invariablemente igual, es decir, no debe sentirse, sus preocupaciones deben girar en torno a un mejor trabajo, facebook, la autoayuda, la comida saludable, las fiestas interminables. No puede haber preocupaciones organizativas, estudios políticos, crítica razonable. Para ello, el poder se encarga de "educarnos ciudadanamente", nos roba la autonomía universitaria, declara enemigos a todos los que no bajan la cabeza, nos rellenan de dios y patrioterismo, nos repiten y repiten que esto es lo mejor que podemos tener y, sobre todo, "que estos ya no son tiempos de lucha, que ahora las armas democráticas aseguran el éxito de los cambios, que los radicalismos son infantiles, que el problema no es el sistema, son los corruptos". el resultado es un ser cansando de discursos y discursos, confundido entre tanto populismo, preocupado en sí mismo, es decir, un sujeto alienado con mayor eficiencia, porque usaron su esperanza para manejarlo. es el vicio del "menos malo" que nos han hecho creer es el único posible.
nuestra "nueva" izquierda aprendió muy bien de los viejos conservadores, el sistema continúa invariable, es más, se sostiene de manera más efectiva, porque todos creemos que cambió, el mismo grado de represión del estado de antes, con los mismos íconos de siempre. Dios se antepone al hombre, es más, la cadena va desde dios, la moral, la patria, los héroes, el presidente, sus ministros, su esposa, su perro y después de varias etcéteras llega el pueblo.
para colmo de males, de regreso a Ecuador, la ley zanahoria y la creencia del señor presidente de que puede controlarnos las salidas, lo que tomamos, como gran padre sobreprotector que no encuentra mejor forma de educar que la represión, muy acorde con los dictadores avalados por la sacrosanta iglesia católica.
yo creo que me quedo con la "vieja" izquierda que no es tal, la que logró hombres libres de verdad, la de Lenin, Marx, el Che, Fidel. La que gusta de los sueños imposibles, los únicos verdaderos. A los posmodernos de verde y a los ciudadanos.... no gracias
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