miércoles, 11 de mayo de 2011

ese yo olvidado

hace rato que no hago una reflexión sobre mi yo, tampoco es que tengo muchas cosas que decir, pero como he llegado a la conclusión de que escribo en la gran world wide web solo para que yo lo lea, eventualmente querré saber que me pasaba en este momento y como solo yo me entiendo, entonces habré ifringido una gran regla, habré convertido lo público en estrictamente privado, pero dentro del espacio público.

hastío. esa es la palabra que define mi yo. este mundito absurdo consigue a ratos que me reconozca gris y borroso. la verdad es que sufro de un crónico estado de aburrimiento provocado y potenciado al mismo tiempo por la maldita costumbre de encajar en el entorno social.

ser exactamente productivo socialmente, aquello que llaman "útil", se convierte en una herida difícil de cerrar, la satisfacción de terceros respecto a tu desempeño público es en realidad una agresión al yo. esto de hacer y decir aquello que "es" porque es norma ha terminado por encumbrarme a lo más alto del hastío.

reclamarán algunos mi carácter gregario, antisocial, otros, anunciarán que he renunciado a mis principios ideológicos al afirmar una especie de individualidad. falso. mi carcter de ser social y por tanto, sujeto histórico determinado por y determinante de, no es susceptible de renuncias. no me adhiero en ningún punto a la lógica de la racionalidad consumista de des-humanizarnos creyéndonos indiviuales y privados. pero eso es precisamente la motivación de mi aburrimiento.

esta sociedad, este momento, crea esas normas de impersonalización forzada. los discursos más masificadores en realidad no hacen otra cosa que crear un "individuo-masa". esa impersonalización se reciente de toda crítica, la moralidad excede sus límites y se transforma en látigo, las reglas impiden que el sujeto se asuma socialmente, por lo tanto lo niega como individuo, lo vuelve ahistórico.

y eso es lo normal. es decir, la "utilidad social" es esa en la que uno es empleado, hijo, padre, alumno, esclavo; miembro de un "colectivo" que no es más que un escalón del "todo absoluto" que dicta las normas. esa negación-imposibilitación de la crítica se da precisamente por el "absoluto" creado, que no es humano, pero que lo forman los humanos. es lo esencial de la racionalidad alienante. 

entonces, cumplir el papel asignado por esta lógica es, contrario a lo que puedan pensar, la negación de la socialización. lo categórico de ese absoluto, llámese empleo, familia, escuela, partido, etc., segrega lo social, rompe los puntos de unión, deshace los vasos conectores, es decir, niega el proceso.

desde el punto de vista la cotidianidad, la respuesta "correcta" que espera el sistema es la condescendencia, eso es lo "útil", es la alienación llevada a la realidad, es la disciplina necesaria para la tranquila reproducción del sistema. 

ahí habita mi hastío, mi aburrimiento.   

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