ayer vi sexo, pudor y lágrimas por segunda vez en mi vida. es extraño, después de la reflexión autorreferencial que hice ayer mismo, creo que era lógico que fuera esa y no otra la película que debía ver, lo que es raro es que sucediera.
digo que fue apenas la segunda vez que la vi, aunque fue referencia obligada en mi vida durante muchos años. la primera vez que la vi fue en su estreno hace 12 años, si hacen cuentas era yo apenas un adolescente. fue el mismo año en que me enfrenté a la náusea y la metamorfosis. como los dos libros citados, no entendí un carajo de la película, pero los tres se quedaron conmigo de maneras muy extrañas, de pronto empecé a sentirme como una especie de gregorio samsa que había mutado en un animal extraño, no una cucaracha sino un Tomás, pero que no había tenido la suerte de morir, sino que se había quedado en el mundo, visto por todos como un normal más, hastiado de la cotidianidad que sigue y sigue. notarán mi natural tendencia a la angustia.
no he leído mucho más la náusea, tal vez dos veces después del génesis, a kafka lo he visitado más. por su puesto, ya más envejecido, fue más clara mi apreciación de ambos libros y el hastío se volvió lugar común en mi vida.
pues ayer me encontré frente a la televisión, enfrentado a la película mexicana, con esta sensación de estar topado por una combinación risa-llanto que solo me provocan las respuestas completas a mis preguntas. me sentí un poco como cirilo (los que vieron la película saben a que me refiero, los que no miren al peluche de Tomás) que es el que al final de todo responde las preguntas.
podrán imaginarse que yo intento ubicar un punto de encuentro entre los tres personajes (porque para mi no son dos libros y una película, tienen cierta autonomía definitoria). al principio pensaba dar una explicación muy a mi manera de la película, realizar un análisis que relacionara el existencialismo, su visión del sujeto, la libertad y el otro, con la discusión planteada en la película respecto del placer, el amor y las relaciones sociales.
pero no, tal vez después, ahora solamente quería situarme en el plano sensacional y abonar, menos elaborado, a esa sensación de hastío de la que les hablaba y que, como todos, necesitaba ubicar en imágenes reconocibles...
sexo, pudor o lágrimas.... me da igual
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